El cuaderno de clases de Felipe

jul 19

Había una vez, un nene que se llamaba Raúl, que tenía un hermano que se llamaba Felipe. Un día, luego del colegio, Felipe se sentó a hacer la tarea que le había enviado su maestra. En realidad, lo hizo con muy pocas ganas, porque quería jugar a los jueguitos electrónicos.
- Voy a hacer rápido, muy rápido esta tarea para poder ir a jugar, pensaba, mientras, con descuido, sacaba su cuaderno y la cartuchera con los lápices.

Inmediatamente se puso a hacer la tarea, sin darse cuenta que el lápiz negro estaba casi sin punta, y por ende escribía muy mal.
Asimismo, como Felipe había tomado la leche muy rápido, se quedó con hambre; fue a buscar unas galletitas y las dejó en un plato, al costado de su cuaderno. Mientras escribía la tarea con una mano, agarraba una galletita con la otra. Muchas miguitas cayeron en en cuaderno.

Felipe dió vuelta la hoja de su cuaderno y, escribiendo un par de renglones más, terminó su tarea. Repasó muy rápido lo que había escrito y se dió cuenta que se equivocó en las últimas cuentas. Tomó la goma de borrar y, con mucha energía y descuido, borró las cuentas que le salieron mal, sin notar que también borró parte de las que estaban bien hechas.

- No puede ser! esto no se termina más, protestó Felipe, apretando aún más el lápiz negro contra el cuaderno mientras seguía rehaciendo las cuentas que le salieron mal.

Unos minutos después, con un gesto de alegría dijo: -Listo! A jugar!

Felipe se fue corriendo a buscar sus juegos electrónicos cuando escuchó, desde la cocina:

- Felipe, vení para acá. Esto está muy desprolijo!, le decía su mamá. Además, hay algunas cuentas mal hechas!
- No mamá, está todo bien, lo revisé antes de terminar, protestaba Felipe mientras se acercaba a la cocina.

La mamá de Felipe hizo sentar a su hijo en la mesa para explicarle lo que había hecho mal.
- Rápido mamá, quiero ir a jugar.
- Felipe, si hacés las cosas rápido y con descuido, probablemente te salgan mal y deberás hacerlas nuevamente, lo interrumpió la mamá. Mirá este cuaderno!. El trazo del lápiz  está muy desprolijo, ¡tendrías que haber sacado punta al lápiz antes de comenzar! Además, ¡hay migas de galletitas en las hojas!
- Es que quería terminar rápido para ir a jugar, se defendió Felipe.
- Felipe, el cuaderno de clases te representa frente a tu maestra, le comenzó a explicar su mamá. Cuando tu maestra corrija el cuaderno, va a ver un reflejo tuyo en el mismo. Si está prolijo, limpio, y claro, el cuaderno dirá las mismas cosas de vos. Si está desprolijo, manchado, descuidado, mostrará que vos también son desprolijo y descuidado. Y yo sé que vos no sos así.

La mamá de Felipe le siguió explicando a su hijo porqué el cuaderno de clases debe estar siempre cuidado y bien hecho. Luego, le dijo a su hijo que iba a recortar las últimas dos hojas para que las hiciera nuevamente. Si bien al principio Felipe no estuvo muy de acuerdo, terminó dándose cuenta que su mamá tenía razón. Ahora, sí tomó la precaución de sacar punta a su lápiz negro, de no comer mientras hacía la tarea y de concentrarse en lo que estaba haciendo.

Cuando Felipe terminó de hacer todo por segunda vez, su mamá lo felicitó diciendo:

- Felipe, ahora sí que este cuaderno muestra tu reflejo tal cual sos. Además, me parece que esta vuelta te llevó menos tiempo hacer toda la tarea.

Y Felipe fue contento a jugar. Y colorín colorado, el cuento de Raúl y Felipe de hoy, ha terminado.

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