El desayuno de Raúl
jul 22
Había una vez, un nene llamado Raúl, que tenía un hermano llamado Felipe. Un día, mientras Raúl se preparaba para ir al colegio, se puso a ver televisión.
- Raúl, apurate, que vamos a llegar tarde, le gritó su mamá desde la habitación. Terminá de ponerte las zapatillas y tomá la leche.
- Ya voy mamá, pará que estoy viendo ….
- No Raúl, apurate, ¡no es hora para ver televisión!, lo interrumpió su mamá.
Raúl siguió poniéndose las zapatillas sin prestar atención a lo que estaba haciendo. Sólo estaba concentrado en la televisión.
- No Raúl, esa zapatilla es la del otro pie, le dice su mamá mientras pasaba rápidamente por donde estaba su hijo, llevando unos cuadernos a su mochila. Dejá la televisión!
Raúl siguió viendo la televisión y, cuando ya casi era la hora de salir, terminó de ponerse las zapatillas. Tomó su taza para probar la leche y le dijo a su mamá:
- Mamá, ¡no me gusta la leche!
- Raúl, no podés dejar de desayunar, le respondió su mamá.
Raúl dejó el desayuno, tomó su mochila y partió al colegio junto con Felipe y su mamá.
Luego de la primer hora de clase, Raúl estaba muy cansado y le dolía la panza. En el recreo casi no jugó con sus amigos y permaneció en un rincón del patio bostezando casi todo el tiempo.
Al regresar a la clase, la maestra de Raúl, notándolo algo decaído, le preguntó:
- Raúl, ¿Te pasa algo?
- No, es que tengo un poco cansado y me duele la panza.
- ¿Comiste algo en el recreo que te pudo haber hecho mal?
- No, respondió Raúl, hoy no comí nada.
- ¿Tampoco desayunaste?, le preguntó su maestra.
- No, contestó tímidamente Raúl, estaba haciendo otra cosa.
Su maestra le explicó a Raúl y a sus compañeros la importancia del desayuno.
- Es el alimento más importante del día. Aunque no sea muy abundante, es el que nos permite prepararnos para cada día en las tareas que debemos hacer.
Cuando no desayunamos, continuó diciendo, nos sentimos cansados, con sueño, e incluso nos puede llegar a doler la panza.
Luego de ello, envió a Raúl a la dirección para que le convidaran algo. Raúl fue con mucha vergüenza, pero contento de haber entendido la importancia del desayuno.
Y colorín colorado, el cuento de Raúl y Felipe, ha terminado.

