Felipe y sus chistes
jul 02
Había una vez un nene llamado Raúl, que tenía un hermano llamado Felipe. Cuando Raúl estaba en primer grado era un nene muy aplicado en el colegio. Muy prolijo en su cuaderno, muy cuidadoso de sus útiles y por sobre todo, muy buen alumno. Sus papás le habían enseñado a preparar su mochila con los cuadernos y elementos que iba a utilizar al día siguiente. Es por ello que todas las noches, antes de ir a cenar, Raúl dedicaba unos minutos a sacar aquellos cuadernos que no iba a necesitar, y colocar aquellos que sí usaría el próximo día en el colegio.
Un día, mientras Raúl preparaba su mochila, sus papás lo escuchan gritar desde su dormitorio:
- Mamá, papá, me falta el cuaderno de inglés! ¿Quién me sacó el cuaderno de inglés?
- Raúl, nosotros no te quitamos el cuaderno; buscalo bien en la mochila; tal vez te lo olvidaste en el colegio, le contestó su papá.
- No papá, no lo tengo en el colegio. Tiene que estar acá en casa, pero no lo encuentro.
Efectivamente, el cuaderno de inglés no estaba en la mochila de Raúl. Sus papás comenzaron a buscarlo por toda la casa, pero no lo encontraban.
- Raúl, el cuaderno no está por ningún lado. ¿Estás seguro de no haberlo dejado en el colegio?
No mamá -le contestó Raúl- en el colegio no está; yo lo traje a casa.
Entonces el papá fue hasta donde estaba jugando Felipe y le preguntó:
- Felipe, ¿viste el cuaderno verde de tu hermano?
- No, no lo vi, respondió Felipe mientras seguía pintando con sus crayones.
Ese día Raúl se fue a dormir algo triste porque le preocupaba no tener el cuaderno de inglés; no iba a poder trabajar en clase como el resto de sus compañeros. Antes de rezar sus oraciones con los chicos, la mamá fue a ordenar la mesita en donde estuvo pintando Felipe con sus crayones y encontró el cuaderno perdido. Estaba escondido justo debajo de la mesa, cubierto con una hoja algo arrug
ada. Al abrir el cuaderno vió que una de sus hojas tenía un rayón azul que la cruzaba de lado a lado.
La mamá se enojó y lo llamó a Felipe:
- Felipe, salí de la camá y vení para acá. Al llamado de Felipe, los dos hermanos salieron de la cama y fueron hacia la mamá.
- Raúl, vos regresá a la cama. Tengo que hablar con tu hermano.
- Pero mamá…
- No Raúl, volvé a la cama.
La mamá no quería retar a Felipe frente a Raúl. Sabía que eso podría avergonzar más a Felipe.
- Felipe, cuando papá te preguntó por el cuaderno le dijiste que no lo habías visto.
- Fue un chiste, mamá.
- No Felipe; de los chistes nos reímos todos. Nadie se río de tu respuesta. Eso fue una mentira, y sabés muy bien que no hay que mentir.
- Es que sin querer manché el cuaderno de Raúl, le contestó Felipe, ya compungido por la situación.
- Felipe, con la verdad todo se arregla. Si me hubieras dicho que sin querer lo rayaste, lo hubiéramos arreglado. Tu papá, tu hermano y yo estuvimos buscando mucho tiempo el cuaderno y vos nos viste hacerlo. Si nos decías la verdad, en ese tiempo hubiéramos arreglado el cuaderno y jugado más con ustedes…
- Pero fue un chiste, volvió a argumentar Felipe.
- No Felipe. Un chiste se cuenta y después todos se ríen. Si no sucede eso, el chiste deja de ser chiste y es un comentario feo o algunas veces una mentira. Estoy muy triste por tus mentiras.
Por las mejillas de Felipe comenzaron rodar unas lagrimitas y triste, volvió a su cama llorando. Raúl, que escuchó toda la conversación desde la puerta de su cuarto, fue a consolar a su hermano y le dijo que él lo perdonaba, pero que la próxima vez le dijera la verdad y él mismo le iba a enseñar cómo usar el corrector para borrar rayones.
Más tarde, cuando los papás fueron a rezar con sus hijos, les dijeron que siempre, siempre, tenían que decir la verdad, y confiar en mamá y papá, no importa la macana que haya hecho o cuán avergonzados estén. Les dijeron que ellos son sus padres y como tales, siempre van a estar para ayudarlos y para tratar de corregir lo que sea.
Felipe pidió perdón por lo que hizo y, luego del beso de las buenas noches, se fue a dormir muy contento y tranquilo al saber que sus papás lo quieren mucho y que siempre lo van a ayudar.
Y colorín colorado, el cuento de Raúl y Felipe de hoy, ha terminado.
- Papá, ¿acaso no lo pusieron en penitencia a Felipe?
- No. Felipe tenía entonces cuatro años y sus papás prefirieron enseñarle la diferencia entre hacer un chiste y mentir de otra forma. Seguramente, si Felipe sigue haciendo esos chistes que no son chiste lo pongan en penitencia.
- Y ¿porqué Raúl no se enojó? Yo me hubiera enojado mucho si mi hermano me arruinara el cuaderno.
- A veces Raúl le tenía mucha paciencia a Felipe. Creo que Raúl, al escuchar desde la puerta cómo su mamá se enojaba con Felipe, se dió cuenta que él también la había desobedecido por no regresar a su cama. Además, al ver a su hermano llorar, pero no de capricho sino de tristeza porque se había portado mal, trató de consolarlo para que dejara de llorar.


me encanto esta muy bueno !!!!!!!! me facina te enseña a decir la verdad