La pelota y el cuadro

jun 23

Había una vez, un nene llamado Raúl, que tenía un hermano llamado Felipe. Un día, después de tomar la merienda al regreso del jardín, Raúl se puso a jugar un rato a la pelota.

- Raúl, si querés jugar a la pelota, jugá con la de tela; la de cuero no, porque se puede romper algo, le dijo el papá.
- Pá, te prometo que no voy a romper nada, contestó Raúl.

Raúl empezó a jugar despacito con la pelota de fútbol, pasándola de un pie al otro teniendo cuidado de no levantarla mucho del piso para no romper nada. Al rato, llega Felipe al cuarto, después de tomar su chocolatada, aún con los bigotes dibujados con chocolate y una galletita doble en cada mano. Viéndolo jugar a Raúl, fue rápido a buscarse su pelota, la que le habían regalado para el dia del niño, y se puso a la par del hermano, tratando de imitar todos sus movimientos y jugadas.

Al ver a su hermano, Raúl quiso demostrar que él manejaba mejor la pelota, y comenzó a patearla un poco más alto. El papá, al oir los rebotes de la pelota con el piso, volvió a advertir a Raúl que dejara la pelota, sin embargo, Raúl volvío a contestarle que no iba a romper nada. Felipe, de reojo, intentaba imitar a su hermano, pero apenas lograba tocar una vez su pelota de juguete antes de que salga rodando hacia cualquier otro lugar del dormitorio.

En eso, mientras Felipe buscaba su pelota que se había escapado atrás de una silla, se escucha un golpe contra el piso y el ruido de un vidrio que acaba de quebrarse. Felipe, asustado, pemanece agachado atrás de la silla, ya con su pelota en la mano, y Raúl, con la cara pálida como una hoja, comienza a llorar.
Al acudir el papá de los chicos al dormitorio, ve la escena y le pregunta a Raúl y a Felipe si están bien, si se lastimaron. Raúl permanecía llorando, sin contestar, mientras Felipe lo miraba y tímidamente hacía un gesto de negación, moviendo la cabeza de un lado al otro, respondiendo así a la pregunta de su papá.

-¡Raúl, rompiste el cuadro!, le dice enojado el papá. Te advertí que esto iba a suceder si jugabas a la pelota en tu cuarto.
- Yo no quería romper el cuadro, papá. Fue la pelota, que se me escapó y para no pegarle a Felipe, la tuve que patear un poco más alto, le contestó Raúl, llorando del susto por lo sucedido.
- Yo sé que no lo hiciste a propósito, Raúl; pero, si jugás a la pelota en un lugar donde hay cosas que se pueden romper, es muy probable que se rompan. Es por eso que te pedía que no jugaras; no lo hice para molestarte y dejarte sin jugar.

El papá, calmado, trataba de explicarle a Raúl porqué debió hacerle caso desde un comienzo, con ternura para sacarle el susto que seguía llevando, pero con firmeza para demostrarle que estaba enojado por lo que había hecho.

Raúl intentó excusarse una vez más diciendo que Felipe también estaba jugando a la pelota; el papá le respondió:

Raúl, vos sabés que lo que hace “Pepe”, hace “Pepito”; tu hermano va a tratar de imitarte siempre, porque es tu hermano y para él, sos como un ídolo. Muy probablemente Felipe te vió jugar a la pelota y se puso a jugar con vos. Me alegro mucho que ninguno de los dos se haya lastimado con el vidrio del cuadro, pero también me apena que me hayas desobedecido.

Ya para ese momento, Raúl estaba más calmado y se había secado las lágrimas que quedaban en su cara. Felipe había dejado su pelota detrás de la silla y estaba al lado de Raúl para tratar de consolarlo.

El papá de Raúl lo llamó y puso en penitencia a Raúl, quien volvió al llanto mientrás seguía insistiendo que no había sido queriendo. Pese a ello, a los pocos minutos, Raúl dejó de llorar y fue a los brazos de su papá a pedirle perdón por no haberle hecho caso y prometió nunca más jugar a la pelota en el cuarto. El papá le dió un fuerte abrazo y fueron a jugar con Felipe a otro juego.

Y colorín colorado, el cuento de Raúl de hoy, ha terminado.

- Papá, ¿a Raúl le sacaron la penitencia?
- No, creo que no. Raúl hizo muy bien en pedir perdón por no haber hecho caso a su papá, y él lo perdonó y se pusieron a jugar a otra cosa. No obstante, el papá de Raúl siempre dice que aún así, tenía que cumplir la penitencia, pero él ya no estaba enojado con su hijo.
- Papá, ¿y a Felipe? ¿le pusieron penitencia?
- Me parece que no. Felipe copió a Raúl en algo que no estaba bien, pero su papá no le dijo nada a la señora del kiosco acerca de si hubo penitencia para Felipe o si no.

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